lunes, 30 de enero de 2017

EL TRABAJO INFANTIL EN TIEMPOS DE DON BOSCO

Hoy, víspera de la fiesta de Don Bosco, colgamos una entrada redactada por uno de nuestros blogueros de 6º. Sergio ha consultado en varias páginas la vida y las condiciones de trabajo de los niños y jóvenes en el siglo XIX, el siglo en el que vivió Don Bosco. Quizá después de leer el resultado de su búsqueda, entendamos mejor porqué alguien generoso y apasionado como nuestro fundador, fue incapaz de mirar a otro lado y dedicó hasta su último aliento a cambiar el presente y el futuro de estos chicos.

Durante la revolución industrial, a finales del siglo XVIII y finales del XIX, un gran número de trabajadores agrícolas emigraron a las ciudades y los artesanos fueron reemplazados por las máquinas. En las fábricas, la mayoría de los trabajadores eran niños.

Había dos tipos de trabajo infantil: Los aprendices de parroquia, que eran niños huérfanos a los que los dueños de las fábricas les proporcionaban vivienda y comida a cambio de su trabajo, y los que trabajaban gratis a cambio de nada. El trabajo de las fábricas era un refugio para las familias a las que no les quedaba otra opción para sobrevivir que confiar en los pequeños salarios de sus hijos para salir de la pobreza.

Los niños estaban expuestos a productos tóxicos, y en las fábricas de algodón utilizaban maquinaria peligrosa que a veces les producían graves lesiones e incluso la muerte. La jornada era agotadora, de 5 de la mañana a 10 de la noche con una hora de descanso, seis días a la semana. No se les permitía usar relojes para que no controlasen el tiempo y aprovecharse de ellos.

En algunas zonas cercanas a los Alpes, se utilizaba a los niños como deshollinadores por su pequeño tamaño. Viajaban con su jefe a pie y dormían en habitaciones sucias y húmedas. el jefe les proporcionaba ropa, zapatos y el equipo para deshollinar.





Para limpiar las chimeneas escalaban por dentro del conducto con una escalera, una cuerda y un raspador para el hollín. Trabajaban catorce horas al día  y, a causa de la dureza de este trabajo, no podían respirar bien, y algunos terminaban quedándose ciegos debido al hollín. En algunos lugares los jefes pagaban a sus padres con el dinero equivalente a un ternero.
BLOGUERO DE 6º: SERGIO BENITO

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